Twitter está en boca de todos. La preocupación se cierne sobre su base activa de usuarios, tras meses rumoreándose cambios de interfaz. Se confirmaban hace unas horas, con la publicación del balance financiero (nada positivo) correspondiente al último trimestre.

Para entender la situación debemos remontarnos a la fundación de Twitter, el 21 de marzo de 2006, a manos de Jack Dorsey, Evan Williams y Noah Glass. Fue Dorsey fue su primer CEO, supervisor de varias rondas de financiación imprescindibles para el alzamiento de la startup. La compañía no tardó en alcanzar cifras de infarto, superando los 100 millones de tweets por trimestre en 2008. Sorprendentemente, no fue hasta ese año que la Junta Directiva sopesó métodos de monetización.

Dorsey abandonó su cargo envuelto en la polémica de una vida ociosa, periodo que sirvió al sustituto (Dick Costolo) para la entrada en bolsa. Se produjo el 7 de noviembre de 2013, con un precio por acción modesto (26 dólares) tras el pésimo rendimiento mercantil de Facebook. Tampoco en este caso se cumplieron las expectativas, ralentizándose el crecimiento de una plataforma que distaba de lo rentable.

Jack marcó otro antes y después al recuperar su puesto como CEO el pasado octubre. Más que contentar a los accionistas, su prioridad ha sido solventar los problemas de usabilidad que impiden la entrada de nuevos usuarios. A la inclusión de la pestaña Moments para el destaque de temas candentes, se sumó la idea de ampliar de 140 a 10.000 el límite de caracteres por tweet. Internet no tardó en alzarse a las armas y el directivo matizó, dejando la puerta entreabierta a esta y otras novedades.

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Llegamos así a los resultados de marras. Twitter padeció en 2015 su primer descenso en número de perfiles, pasando de 307 a 305 millones de usuarios activos en el último trimestre del año (los analistas pronosticaron 310 millones, siempre excluyendo el SMS). Para que nos hagamos una idea, suma en estos momentos los mismos usuarios que Facebook en 2009, aunque con una tasa de crecimiento nula en comparación al 15% trimestral registrado entonces por la red de Zuckerberg.

En bolsa, el precio por acción ha bajado un 70% en el último año (un 50% desde el nombramiento de Dorsey) y la proyección internacional se resiente (el 65% de los beneficios provienen de Estados Unidos, donde apenas reside un 20% del total de usuarios).

Las pérdidas se redujeron por poco (de 577 millones en 2014 a 521 millones de dólares en 2015) y se incrementaron paradójicamente los ingresos: un 48% hasta los 710 millones de dólares, 640 millones de los cuales incumben a emplazamientos publicitarios.

Twitter prioriza ya los tweets más relevantes en cuanto a número de interacciones. Tampoco se descartan cambios en el sistema de menciones para reactivar la base de usuarios

La primera medida con que J.D. intentará frenar la sangría es la de un timeline algorítmico, donde se impongan los tweets más relevantes en términos de interacciones: “Sigues a cientos de personas en Twitter -quizá miles- y cada vez que entras sientes haberte perdido algunos de sus tweets más importantes. El nuevo timeline te ayudará. […] Cuando abras Twitter aparecerán dichos tweets destacados en orden cronológico. Basta refrescar el timeline para hacerlos desaparecer”. La funcionalidad se implementará progresivamente y, en cualquier caso, puede desactivarse a través de la opción al efecto en el menú de Ajustes.

Ahí no acaba la cosa, pues una carta remitida a los accionistas apunta también a las menciones: “Sopesamos cambios significativos en cuanto a replies y al formato .@usuario. Necesitamos erradicar aquello que provoca confusión”. Se estudia que los nombres de usuario no consuman caracteres de los 140 permisibles, para evitar quedarnos sin espacio en aquellos tweets con un gran número de menciones (lo que viene a denominarse Twitter Canoe).

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“Moments”, una de las primeras iniciativas de Dorsey en su retorno como CEO

También se buscarán mejores formas de diferenciar menciones de tweets al uso. Si queremos comenzar un tweet con el nombre de un usuario y que lo lean todos nuestros seguidores (no únicamente dicha persona), debemos adelantar un punto o cualquier otro signo. Un sistema de etiquetado al más puro estilo Facebook solventaría la papeleta, aunque esto exacerbase las críticas de quienes encuentran cada vez menos diferencias entre ambas redes sociales. Recordemos si no los cirios encendidos por la desaparición del “Favorito” en favor del “Me Gusta”.

Entre tanta polémica superficial se agradecen iniciativas como la cancelación de 125.000 cuentas relacionados con DAESH y los esfuerzos por erradicar el acoso con la creación del Twitter Trust and Safety Council. Expertos de más de 40 organizaciones sobre derechos humanos conformarán este consejo concienciado con la violencia doméstica, la homofobia o el machismo, quienes también prestarán atención psicológica por teléfono.

Se demuestra que Twitter ha trascendido cualquier ambición corporativa para desempeñar un papel determinante en la sociedad  digital. Su pervivencia está más que garantizada por ese núcleo duro de usuarios que, aunque ladren mucho, muerden más bien poco: se amoldarán a los cambios, ineriorizándolos incluso, por el futuro de la plataforma.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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