Activision ha anunciado hoy que no tendrá stand propio en el próximo E3 de Los Ángeles. Este año la distribuidora, que lleva años montando uno de los espacios más grandes de la feria angelina, sólo estará presente con una zona dedicada a Call of Duty en el área de Sony y PS4. La compañía también ha anunciado que aprovechará la conferencia de Sony para mostrar detalles del próximo CoD. Es un duro golpe para el E3, y además el segundo en muy poco tiempo. Activision sigue los pasos de Electronic Arts, que anunció a finales de enero no sólo que no tendría stand propio en el E3, sino que además organizaba su propio evento muy cerca del Convention Center y separaba su conferencia unos cuantos días de la feria.

No son las únicas: la lista de grandes compañías que ya no están en el E3, o que tienen una presencia muy reducida, empieza a ser enorme. Gigantes como Valve, Nintendo, Blizzard, Rockstar tampoco tienen stand propio; y eso por no hablar de que la feria permanece completamente ajena al fenómeno de los e-sports. ¿Por qué dos compañías tan importantes como EA y Activision se han “borrado” del E3? Es absurdo pensar que no tienen nada que enseñar o que no necesitan exposición pública. La razón es bien distinta: sencillamente, estar en el E3 empieza a no ser rentable para las compañías. El modelo de la feria de Los Ángeles empieza a estar obsoleto: las grandes marcas ya no necesitan gastar los millones de dólares que cuesta montar un stand para alcanzar al gran público, ni es necesario juntar todas las novedades en una sola semana para lograr atraer la atención del mundo. Incluso si quieren hacerlo, pueden lograrlo organizando sus propios eventos: ahí están los ejemplos de la BlizzCon o la FiraxiCon.

Antes de que las conexiones de banda ancha fueran un estándar era necesario juntar a los periodistas para mostrarles las grandes novedades, darles a probar los próximos lanzamientos, ofrecer entrevistas con los desarrolladores… La única forma de lograr congregar a toda la prensa de golpe era crear un show tan grande que la prensa acudiera por su propio pie. Hoy por hoy, cada compañía dispone de su propio canal con el que dirigirse directamente al público en el tiempo y forma que mejor le convenga, sin necesidad de competir con los demás por la atención ni el riesgo de quedar enterrado bajo la avalancha de novedades. La prensa, por otra parte, no necesita afrontar los altísimos costes de enviar un equipo al E3: se da la paradoja de que es más fácil informar de lo que ocurre en Los Ángeles desde casa que desde el propio Convention Center. La única salvedad son las entrevistas y la posibilidad de probar juegos antes de que empiece la tradicional gira veraniega por el resto del mundo de las demos del E3; el medio que no quiera esperar ya sólo tiene que mandar a un único periodista.

Habrá mucha gente que piense que una feria tan grande como el E3 no puede desaparecer, que las grandes compañías pueden marcar un hiato en su presencia, pero no simplemente desdeñarla. Bueno, basta con echar un vistazo a la historia de esta industria: no sería la primera gran feria que parece intocable y acaba desapareciendo. El mejor ejemplo es el ECTS; unas siglas que poca gente recuerda ya, pero que durante mucho tiempo fueron cita ineludible para los aficionados del sector. Los que lleven en esto o simplemente leyendo prensa especializada la recordarán sin duda: a finales de los 90 seguía siendo una feria muy potente, sobre todo en el ámbito del PC.

El European Computer Trade Show abrió sus puertas en abril de 1988 en el Business Design Centre de Londres; algunas ediciones después pasó a celebrarse en septiembre (con ocasionales cambios de fecha que no acababan de cuajar). En aquella feria se presentaban las novedades más importantes de hardware, y por razones obvias también de la industria del videojuego: no se puede desdeñar el papel que ha jugado el videojuego en la extensión de la informática en el ámbito doméstico. A partir de 2001 la Games Developer Conference Europe pasó a formar parte de la agenda oficial del ECTS. Al igual que ocurre con el E3, el ECTS poco a poco se fue convirtiendo no sólo en un encuentro profesional, sino también en un enorme espectáculo: aunque era una feria supuestamente sólo para profesionales era muy habitual que acabara llenándose de público aficionado, así que las compañías asistentes poco a poco actualizaron sus stands para llamar la atención del público. Además, el ECTS organizaba presentaciones más espectaculares, como el Future Entertainment Show.

Y pese a todo ese brillo y las multitudinarias asistencias, en 2004 el ECTS cerró sus puertas para siempre. El desencadenante fue muy prosaico: los organizadores de la feria, la compañía de organización de eventos CMP (filial de la multinacional UBM) estaba viviendo una reconversión interna y dejaron ir el ECTS. Pero las razones son mucho más diversas: los tiempos estaban cambiando, y en 2004 la informática doméstica se había quedado muy atrás con respecto al mercado de las consolas y al de los móviles, que tenían sus propios eventos. Aquel show ya no era lo bastante rentable como para mantenerlo.

El E3 lleva años despertando rumores de toda clase sobre un hipotético cambio de ciudad o de sede en busca de abaratar costes. El debate entre la organización y las grandes compañías debe de estar siendo mucho más intenso, y sobre todo mucho más complejo: una discusión sobre el propio formato, sobre la necesidad de renovarse ante la posibilidad de morir. No tiene sentido hacer el E3 como se hacía hace 10 años, y el enorme coste que supone para las compañías y la prensa cada vez merece menos la pena. De repente el E3 ya no parece intocable; si no cambia, ¿cuánto falta para que nos parezca una molestia?

Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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