No se puede hablar de internet o de la sociedad de la información sin hablar de Google. No sólo es, con abismal diferencia, el buscador más usado de internet, sino también una de las empresas más potentes del mundo, con presencia en prácticamente cualquier campo de la tecnología. Sin duda ya sabíais esto, y tampoco os estoy descubriendo nada nuevo si os digo que Google tiene gran cantidad de información de todos nosotros. Pero ¿cuánta información exactamente? ¿Cómo la obtiene? ¿Para qué la usa?

Uno de los principales usos que tiene la información que Google recopila sobre nosotros es clasificarnos como "target comercial". Es decir, crear un perfil que incluya nuestro sexo, edad, ciudad de residencia, idiomas que habla e intereses, y en base a ello mostrarnos anuncios que puedan ser de nuestro interés. Aunque esto se vende como una ventaja para el usuario, que a menudo encontrará anuncios acordes a sus gustos, en realidad es una ventaja para las empresas, que podrán colocar muchos más productos si saben a qué target concreto se están dirigiendo. Y por supuesto es un beneficio para Google, que cobra a la empresas por cada click en uno de sus anuncios.

Cómo consigue Google esta información es algo relativamente trivial: nuestro lugar de residencia se obtiene mediante las IPs desde las que nos conectamos a internet; los idiomas que hablamos y nuestros gustos personales pueden adivinarse en función de las búsquedas que hacemos y las páginas que visitamos; y en base a ellos puede suponerse también nuestro sexo y nuestra edad. Por supuesto, también es posible que se lo hayamos puesto aún más fácil introduciendo voluntariamente estos datos en nuestro perfil de Gmail, Google+, Blogger o cualquier otra red propiedad de Google.

¿Quién puede conocer esta información? La política de Google es no ceder nuestros datos personales a terceros, de modo que en principio todo queda en casa: la propia Google es la que gestiona los anuncios AdSense basados en nuestro perfil. Sin embargo sí que hay alguien más que puede verlo: nosotros mismos. Podemos consultar nuestro perfil comercial en nuestra cuenta de Google (si no tenéis muy claro cuál es vuestra cuenta de Google, es la que utilizáis para acceder a vuestro correo de Gmail), siguiendo este enlace. La parte más interesante es la correspondiente a "Intereses", en la que nos habrán categorizado en función de las cosas que nos gustan. Hay que decir que no siempre aciertan en todo, pero en general suele tener un retrato robot bastante aproximado de quienes somos.

Estos datos, por cierto, se pueden cambiar, en caso de que queramos que se ajusten más a la realidad, o borrar, en caso de que no queramos que Google los tenga. Aquí viene una de las diferencias de opinión fundamentales en cuanto a la privacidad: ¿es bueno o malo para nosotros que Google sepa cosas sobre nosotros? Por una parte, como defienden los de Mountain View, cuanto más sepan de nosotros más podrán personalizar nuestra experiencia en internet y ofrecernos anuncios y resultados de búsqueda que nos interesen. Por otra, nuestros datos son nuestros y tal no estemos dispuestos a compartirlos con una corporación multinacional.

En cualquier caso, el asunto está lejos de acabar aquí. Todas nuestras búsquedas quedan registradas y asociadas a nuestro perfil, tanto las que se hacen en el buscador (se pueden consultar aquí) como las que se hacen en Youtube (aquí). De modo que si alguna vez habéis buscado algo… digamos "extraño", pensando que nadie lo sabría nunca, tened en cuenta que Google lo sabe.

Por supuesto, también quedan registrados todos los dispositivos con los que nos hayamos conectado alguna vez a nuestra cuenta, así como sus localizaciones físicas. Incluso las aplicaciones que hayamos utilizado para acceder a internet (usualmente navegadores) y otras aplicaciones web que hayamos usado, aunque no estén instaladas en nuestro dispositivo, si han necesitado comunicación con nuestra cuenta de Google. Podemos gestionar nuestros dispositivos y los permisos establecidos para cada uno de ellos en este link y en este otro.

¿Eso es todo? Pues depende de los servicios de Google que utilicemos. Si sólo utilizamos el buscador y Youtube, esto sería todo. Pero si además usamos gmail, por ejemplo, debemos tener en cuenta que todos nuestros correos electrónicos son analizados. No por personas (sería ilegal) sino por algoritmos clasificadores de contenido, pero analizados igualmente. Si además utilizamos el navegador Chrome, hemos de tener en cuenta que le estamos dando acceso a Google a absolutamente todo lo que hagamos en internet gracias a la gestión de cookies, incluso aunque no usemos jamás su buscador. ¿Y qué se guarda en estas cookies? Pues, por ejemplo, todas nuestras contraseñas, incluidas las de servicios bancarios.

En cualquier caso, si tenemos un móvil Android ya le habremos dado voluntariamente estos datos bancarios para obtener nuestra cuenta de Google Wallet, que nos permite comprar aplicaciones en Google Play y otros servicios de pago. Tener un móvil Android también implica que todos nuestros contactos se guardan "en la nube", es decir, que Google tiene acceso al teléfono, email, y fotografía y dirección si los hubiera, de todos nuestros conocidos. Además de todos los eventos que hayamos apuntado en nuestra agenda mediante la sincronización de Google Calendar, las conversaciones por Gtalk, etc.

Aunque asusta un poco dicho así, lo cierto es que tampoco estamos descubriendo el fuego: es obvio que si mandas un correo electrónico con Gmail Google tiene acceso a él, del mismo modo que tiene acceso a los documentos que suben a Google Drive. Más desconocido, sin embargo, es que si tenemos un teléfono Android Google almacena todos y cada uno de nuestros movimientos. Suena conspiranoico, pero es fácilmente demostrable: si entráis en este enlace muy probablemente podáis ver, de forma aproximada, todos los lugares en los que habéis estado cualquier día desde que os comprasteis vuestro primer teléfono Android. Puesto que esta información termina en una base de datos centralizada, simplemente casando registros podría saberse a dónde vais, cuánto tiempo estáis en cada sitio e incluso con quién os habéis reunido (siempre y cuando las otras personas también tengan un teléfono Android conectado a internet). Esto ya empieza a dar un poco más de miedo, ¿verdad?

Afortunadamente para aquellos que apreciamos nuestras privacidad, la mayor parte de de estos seguimientos, incluyendo el seguimiento físico de dónde hemos estado, pueden desactivarse, y nuestros historiales borrarse, en los mismos enlaces de consulta que os hemos facilitado. Si necesitáis más herramientas para controlar la información que Google guarda de vosotros, podéis utilizar el poco conocido y sin duda infrautilizado Panel de Control de Google o las opciones de configuración y privacidad de vuestra cuenta.

Si estamos realmente interesados en el análisis de nuestros datos o en que desaparezcan de la base de datos de Google, podemos descargarlos aquí y borrar servicios aquí. Antes de ello deberíamos plantearnos si nos merece la pena la molestia, por una parte. Por otra, es lícito preguntarse si realmente Google deja de recopilar nuestros datos cuando le pedimos que lo haga, o si simplemente deja de mostrarnos lo que ha recopilado. Obviamente, no tenemos forma de saberlo. Llegados a este punto, puede uno ponerse todo lo paranoico que quiera.

Si algún usuario de Apple ha llegado leyendo hasta aquí, probablemente se esté sonriendo con autosuficiencia. Mala idea, porque Apple recopila exactamente la misma información que Google (más, de hecho, porque prácticamente todo lo que hacemos con nuestro iPhone pasa casi inmediatamente a la nube), con la principal diferencia de que es menos transparente que Google a la hora de mostrarnos qué datos nuestros han recopilado. Lo mismo para los usuarios de Windows Phone, por supuesto. ¿Entonces, cuál es la solución? Pues la única de eficacia comprobada es dejar de usar servicios de estas compañías y no volver a conectarse nunca más a internet. Lo sé, es una mala opción.

Para bien o para mal, vivimos en una sociedad hiperconectada y vamos dejando un enorme rastro de información a nuestro paso. Nuestra única defensa, como en los rebaños de herbívoros de la sabana africana, es nuestro número: para estas compañías no somos un ser humano, sino un registro. Además, toda la información se controla mediante algoritmos automatizados y es muy improbable que ningún ser humano de la compañía se vaya a poner a husmear en nuestro registro en concreto y descubrir que nos gusta cierto tipo muy poco común de porno, por decir algo. Sin embargo, no deja de ser levemente incómodo saber que el Gran Hermano está siempre observando.

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