Las remasterizaciones son una tendencia relativamente nueva en la industria del ocio electrónico, motivadas generalmente por los estándares de resolución. Más acostumbrados están los cinéfilos, sepultados por ediciones especiales a medida que irrumpen formatos. El último, Blu-Ray UHD, incapaz de levantar cabeza por el auge del streaming.

Sea como fuere, el maquillaje de videojuegos y películas funciona tanto o más que los nuevos lanzamientos. Por varios motivos: como bien han demostrado NES Mini o el retorno del Tamagotchi, la nostalgia nunca pasa de moda. Asociamos vivencias a determinadas producciones, de forma que siempre estamos tentados de revisitarlas. Que nos las presenten a cara lavada es una mera excusa para rememorar incluso aquella relación tormentosa, lo que en psicología viene a denominarse “placer estético ante el drama” (los contenidos negativos acaban asociándose con evaluaciones positivas).

Dicen también que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Es el motivo por el que las editoras estiran cual chicle aquellas franquicias consolidadas en lugar de apostar por nuevas. También en cuanto al videojuego, toda transacción implica cierto grado de confianza: The Nathan Drake Collection llama nuestra atención antes que un aventurero recién llegado y, no nos engañemos, el precio moderado de toda remasterización termina de inclinar la balanza.

Como NES Mini, las remasterizaciones demuestran que la nostalgia nunca pasa de moda

Existe una clara contradicción entre las ventas de juegos ‘pulidos’ y el sentir crítico generalizado; el hartazgo imperante en redes sociales por la falta de ideas. Volviendo al recopilatorio de Naughty Dog, colocó la friolera de 5 millones de copias en todo el mundo, cifra con la que pocos desarrolladores sueñan. No extraña entonces la proliferación de estudios dedicados exclusivamente a mejorar software ajeno, entre ellos Bluepoint Games.

Conformado por desarrolladores clave de la trilogía Metroid Prime, el equipo de Austin firma remasters tan aplaudidos como God of War Collection, The ICO & Shadows of the Colossus Collection, Metal Gear Solid HD Collection o el propio Uncharted: The Nathan Drake Collection. Según revelaron a Digital Foundryse necesitan unos 16 meses de media para convertir y potenciar cada título en su nueva plataforma, siempre con el respeto a sus fundamentos como máxima: “Queremos que los jugadores reciban el juego que recuerdan, lo que tenemos en cuenta a la hora de implementar cualquier cambio, por nimio que resulte. […] Descartamos muchas ideas por temor a quebrantar el gameplay original (salvo que Naughty Dog las dictase) y determinamos hasta qué punto podía mejorarse el apartado técnico según los cánones actuales”.

Ahora bien, ¿qué lleva a un desarrollador a trabajar con material ‘sobado’ en lugar de inédito? El aprendizaje intrínseco. Escudriñar la obra de Naughty Dog o la propia Nintendo implica descubrir los secretos de diseño y programación de sus grandes figuras, hablemos de Evan Wells o Eiji Aonuma. Sobre éste tiene mucho que contar Tom Crago, CEO de Tantalus Media. El equipo australiano se consagró al portar Mass Effect 3 y Deus Ex: Human Revolution a Wii U, lo que atrajo la atención de Nintendo respecto a una de sus franquicias estrella: The Legend of Zelda.

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The Nathan Drake Collection, de BluePoint Games, colocó 5 millones de copias en todo el mundo.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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