¿Cansado de la complicada logística de necesitar a otra persona para mantener relaciones sexuales?  Pues la solución a este problema, como a muchos otros, está en la tecnología. Desde que se barajase por primera vez la idea de la realidad virtual, sus aplicaciones para el mundo de la pornografía y el erotismo han sido evidentes (el ser humano es así, qué le vamos a hacer). Ahora, con la inminente llegada al mercado de Oculus Rift y otros dispositivos similares, el sexo virtual parece más cerca que nunca.

No hace mucho os hablábamos de Wicked Paradise, un videojuego erótico desarrollado por Joren Van den Bosch para Oculus Rift. En él se prometían paraísos artificiales (nunca mejor dicho) totalmente realistas recreados por el motor Unreal Engine 3. Sin embargo, es posible que la simple imagen nos resulte algo sosa, teniendo en cuenta que internet ya está completamente saturado de pornografía. ¿Podemos esperar más de la tecnología de la realidad virtual en el campo de la autosatisfacción?

Por supuesto que sí. Los onanistas están (ejem, estamos) de enhorabuena, porque la empresa Tenga, uno de los más importantes productores de juguetes sexuales para hombres de todo Japón (de dónde si no), está creando un producto revolucionario. Bueno, es posible que la palabra "revolucionario" no sea la primera que nos venga a la mente al ver el artilugio, pero está claro que es interesante desde el punto de vista (ejem) tecnológico.

El ingenio en cuestión se compone de varias partes: unas gafas de realidad virtual Oculus Rift, que nos permiten ver a una chica vestida de colegiala (imaginamos que en el futuro habrá más modelos disponibles), un dispositivo Novint Falcon, que detecta nuestros movimientos y los transmite a la simulación, un brazo robótico y un coso cilíndrico que, a falta de un nombre mejor, llamaremos "masturbador" (similar a las "fleshlight" que nuestros lectores más pervertidos sin duda conocerán).

¿Cómo, que sentaros en una silla mientras un brazo robótico os masturba no os parece apetecible? Hay que ver qué del siglo XX sois. Imagino que, con ver el tinglado, ya os haréis una idea de cómo funciona la cosa, así que no voy a abundar mucho en el tema. Pero sí quiero remarcar el detalle, entre sórdido y cutre, de que en ni siquiera en la simulación de realidad virtual tenemos sexo con la chica: ella también nos está masturbando con esa especie de "fleshlight de lujo".

En la presentación del producto, Tsuneki Sato (CEO de Tenga) hizo algunas declaraciones que no deberíamos pasar por alto: "Creo que en el futuro, el sexo virtual será más real que el sexo real que tenemos ahora". Más real que la realidad. Vaya, eso sí que es un slogan.

Por supuesto, esto es sólo uno de los prototipos. Los chicos de Tenga ya está trabajando en otros modelos, uno de los cuales obviamente incluirá un vibrador. Y es que no sólo los hombres heterosexuales quieren "disfrutar" del placer de ser masturbados por un robot, obviamente. Imagino que también se estará preparando nuevo software, con lo que las posibilidades podrían ser casi infinitas. No sé si alguna de ellas será lo bastante digna como para poder hablar de ello sin sonrojarse, pero desde luego, habrá muchas.

Sato también comentó que la masturbación masculina sigue siendo un tabú, y que lo que busca su empresa es normalizarla. Imagino que se referiría a la masturbación masculina digital, porque de la analógica que lleva hablando toda la vida y aquí aún no ha pasado nada. Según el líder de Tenga, su artilugio "será especialmente útil para los discapacitados, que generalmente tienen menos acceso al sexo".

En cualquier caso, la idea del sexo con robots o máquinas de otro tipo no es precisamente nueva. En el cine, por ejemplo, lleva existiendo desde casi los inicios de la ciencia-ficción (por ejemplo en Barbarella) y en grandes clásicos como Blade Runner. A fin de cuentas, recordemos que uno de los juegos sexuales más comunes es el de la dominación, y ¿qué puede haber más sumiso que una máquina? Por lo menos, hasta el día en que se rebelen contra nosotros por el uso lúbrico que les estamos dando.

¿Llegará algún día a imponerse este tipo de, llamémoslo "relación sexual con una máquina"? ¿Dejará de ser visto como algo extraño y levemente desagradable? ¿Se desestigmatizará la ayuda mecánica en la masturbación masculina, como ya ha ocurrido con la femenina? ¿Llegará un momento en que podrás presentarle a tu madre un brazo robótico y decir con orgullo "mira mamá, mi nueva novia"? ¿Se hará el sexo con personales reales menos satisfactorio que las fantasías japonesas de realidad virtual, llenas de colegialas y tentáculos?

La respuesta a la mayor parte de estas preguntas probablemente sea no, pero aún así yo diría que nos esperan unos cuantos años… "interesantes" en materia de pornografía virtual y gadgets adaptados a ella.

 

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