Hace unos días se formó revuelo en Twitter (¿cuándo no?) en torno al gameplay publicado por Dean Takahashi, redactor jefe de Venturebeat. En lo que a posteriori se describió como una broma sacada de contexto, presenciamos su incapacidad para completar el tutorial de Cuphead, título que se las promete desquiciante en grado sumo.

Fue entonces cuando Ian Miles (The Daily Caller) crucificó públicamente a su compañero de profesión, generalizando al tiempo con aquello de que los periodistas del videojuego son unos negados a los mandos: “¿Cómo podemos confiar en las recomendaciones de los periodistas cuando tan siquiera tienen los reflejos necesarios para jugar? […] Esto explica por qué están enamorados de los walking simulators. No requieren de habilidad. Basta pulsar W y el juego se encarga del resto“.

Aunque la competencia de Takahashi ha quedado sobradamente contrastada, el escarnio público emprendido por Miles resulta del todo deleznable. Máxime al meter en el mismo saco a todos aquellos periodistas que, como un servidor, sudamos la gota gorda con los títulos más exigentes. La cuestión radica en el egocentrismo inherente al ser humano: todo ejercicio ajeno es susceptible de crítica, o dicho de otro modo, no hay trabajo bien hecho salvo el propio. Pensamos así aunque a menudo carezcamos de los conocimientos necesarios, como al criticar una sentencia judicial o la última proposición de ley. Por supuesto, asuntos menos triviales como la crítica de entretenimiento se encuentran más expuestos a la negatividad reinante.

De algún modo, durante la última década se ha extendido la idea entre los usuarios de que la prensa del videojuego emite opiniones poco fiables. Abundan comentarios del tipo: “Me importan bien poco las reviews, equis juego me ha divertido de lo lindo“. Olvidan que cada reseña es un mundo, puesto que recoge la opinión de su autor. Intentos de consenso como Metacritic hacen un daño terrible a cualesquiera desarrollos por debajo del notable alto, de ahí que cabeceras como la nuestra optasen por suprimir las puntuaciones en sus críticas.

Vacuo el debate surgido sobre si los periodistas del videojuego deben tener unas habilidades o experiencia mínima para acometer su labor. Por supuesto. Y si algún profesional se atasca en un tutorial (de forma no irónica) harían bien en reubicarlo. El verdadero interrogante, pienso, es si todos los redactores deberían ser leyendas por su destreza a los mandos. Ahí no puedo estar más en desacuerdo, primeramente por que aquello del periodista todoterreno, aquel con un conocimiento superior de todos y cada uno de los géneros, roza el mito. Si algo bueno tiene el periodismo especializado, es que admite subespecialización. Del mismo modo que una redacción deportiva cuenta con ilustres del balompié o el hoyo en uno, los medios profesionalizados del videojuego reclutan a expertos en JRPGs o simuladores de conducción.

Esto último en el mejor de los casos, porque son pocos los medios capaces de permitirse más de dos o tres redactores (mucho menos contratarles). La norma es que una misma persona se encargue de toda clase de géneros, algunos de su agrado y otros no tanto. Responsabilidad de cada cual documentarse y exprimir el juego en cuestión para materializar una reseña competente. El problema parte más bien de todos esos colaboradores a los que se paga una miseria por su texto (cuando no con una copia física o código digital), quienes se esforzarán lo justo. Muchos de estos colaboradores son, precisamente, usuarios de a pie.

Habrá mejores y peores críticos, pero no dependerá nunca de su habilidad (dentro de unos mínimos exigibles)

Hay ocasiones, no obstante, en que una review gana cuando quien la escribe tiene un conocimiento moderado de aquellos géneros muy de nicho. Los neófitos siempre agradecerán un texto en lenguaje llano, más que una ristra de terminología dirigida a quienes llevan tiempo jugando. Para bien o para mal, no todos los “periodistas pro” consiguen escribir de forma que hasta el más despistado les comprenda.

Entendamos que el periodismo de videojuegos es una amalgama donde no caben generalizaciones. Habrá mejores y peores críticos, pero no dependerá nunca de su habilidad (dentro de unos mínimos exigibles). El mejor consejo que puedo daros es que os fijéis en quién firma un texto; que escuchéis las recomendaciones de quienes casen con vuestro estilo y razonen sus argumentos. Porque es trabajo de cada redactor el ganarse a sus lectores.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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