Ahora que la saga Gran Turismo está a unos meses de celebrar su veinte aniversario, que Forza Motorsport va por la séptima entrega y que Project Cars se ha abierto hueco entre estos dos colosos de la simulación, es buen momento para sumergirnos en el género de la conducción y sus orígenes. Si os preguntaran cuál es el arcade de conducción más influyente y fundacional de la historia del videojuego es probable que Speed Race de Taito no sea el primer título que acuda a vuestra memoria. Clásicos como Night Driver de Atari, Pole Position de Namco, y Outrun de Sega, posiblemente eclipsen en número de respuestas al auténtico germen de los juegos de coches. Estamos hablando de hace 43 años…

Drive-Mobile2Pero retrocedamos aún más, a la época dorada y absolutamente fascinante de las recreativas electromecánicas, en este caso 76 años atrás. Un viaje en el tiempo a los arcades de 1941 nos demostraría que en aquellas lejanas fechas ya existían muebles con volante y juegos de conducción. Eso sí, en vez de pantalla CRT -las clásicas de tubo-, contaba con un mapa retroiluminado -con bombillas, por supuesto- de Estados Unidos a todo color, y una carretera representada sobre un inquieto rodillo en el que controlábamos un simpático coche a escala. Hablamos de Drive-Mobile, de la prolífica compañía norteamericana International Mutoscope, que más tarde prolongaría su legado automovilístico con Cross Country Race (1948) y Drive Yourself Road Test (1954).

En ese mismo año, 1941, Midget Autos de Pace, proponía una curiosa coin-op competitiva -hasta cuatro jugadores simultáneos-, en la que debíamos llegar a meta antes que los demás vehículos a base de girar una manivela con el tempo y fuerza adecuados. Son solo un par de ejemplos, ya que entre principios de los años 40 hasta bien entrada la década de los 70 del pasado siglo, aparecieron en los salones recreativos más de setenta ingenios electromecánicos de conducción, algunos realmente maravillosos, elaborados por más de una veintena de compañías legendarias como International Mutoscope, Chicago Coin, Bally, Sega, Allied Leisure, Midway, Williams, Sega o Taito.

Gracias a Computer Space de Nutting Associates (1971) las máquinas recreativas evolucionaron para iniciar el lento declive de la vetusta fórmula electromecánica que tanta gloria repartió durante gran parte del siglo XX. Si nos ponemos muy puristas, los primeros videojuegos de “conducción” podrían ser Astro Race (Taito) o Space Race (Atari) de 1973, aunque en este caso, simplemente controlábamos una nave vía joystick -de dos direcciones en el caso de Atari y de cuatro en el de Taito- hacia la parte superior del monitor, evitando la molesta metralla espacial pixelada que surcaba la pantalla horizontalmente.

Speed Race trajo consigo una serie de innovaciones que aceleraron, nunca mejor dicho, la evolución de la recién iniciada etapa electrónica

Hasta la aparición de Gran Trak 10/Trak 10 y Gran Trak 20/Trak 20 de Atari en primavera y verano de 1974, no se había utilizado volante en la “nueva” generación de recreativas. Las recién estrenadas máquinas de los creadores de Pong incluían además acelerador, freno y palanca de cambios con cuatro posiciones. La familia Trak (lo de Gran era por el mayor tamaño del mueble/monitor y lo de 10/20 por el número de jugadores, uno o dos), puede ser considerada el primer videojuego de coches de la historia de los salones recreativos y la primera coin-op en utilizar memoria ROM. La perspectiva de juego era cenital, los sonidos del motor, las colisiones o conducir sobre aceite eran bastante realistas. El objetivo era simple, pilotar el pequeño cochecito por el sinuoso circuito principal, o el alternativo, para sumar el mayor número posible de puntos antes de quedarnos sin tiempo. Este esquema de juego de circuito a pantalla única  y multijugador se convirtió en una de las señas de identidad de Atari, que quiso y supo perpetuar durante dos décadas con las posteriores apariciones de Sprint 1/2/4 y 8, Indy 4/800, Super Sprint o Badlands.

Speed Race opcionalY llegamos al punto álgido de la cuestión, al videojuego de conducción que lo cambió casi todo y que merece, junto con su creador Tomohiro Nishikado, un lugar de privilegio en el Olimpo del software: Speed Race de Taito. Tomohiro ya había acumulado experiencia lúdica participando en el desarrollo de máquinas electromecánicas desde 1969 (Sky Fighter-II, Super Road 7…), pero su primera aportación a la etapa electrónica llegó con Elepong, una variante del clásico Pong de Atari, que se convertiría en una de las primeras recreativas de la nueva era producidas en Japón, allá por 1973.

Tras el éxito de Elepong llegaron Davis Cup y Soccer, también en 1973, pero algo mucho más grande estaba a punto de manifestarse de la visionaria mano de Nishikado. El germen del videojuego de conducción eclosionó en la mente privilegiada del diseñador de Taito y la revolución llegó a los salones recreativos en noviembre de 1974. Speed Race trajo consigo una serie de innovaciones que aceleraron, nunca mejor dicho, la evolución de la recién iniciada etapa electrónica. Su espectacular mueble equipado con volante, pedal acelerador, palanca de dos marchas, marcadores led de tiempo/puntuación y un tacómetro analógico real, escondía en su interior un vertiginoso arcade de conducción con perspectiva cenital que posee el privilegio de ser el primer videojuego en utilizar scroll, con desplazamiento vertical en este caso. Hasta ese momento todo había transcurrido dentro de los límites de una pantalla, así que la mente brillante de Nishikado expandió el videojuego hacia el infinito, o por lo menos hasta donde llegara su inexorable scroll.

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