Cada adaptación del videojuego al cine me infunde una mezcla de temor y entusiasmo. El deseo de reencontrarme con mis personajes favoritos y la práctica certeza de que el resultado desmerecerá. Hablamos de lenguajes diametralmente opuestos: los segmentos interactivos han de suplirse con metraje, dándose pie a escenas que suponen una violación flagrante de la franquicia en cuestión.

Considerando las licencias de Tomb Raider (el videojuego de 2013) respecto a los primeros pasos de Lara, su salto a la gran pantalla contaba con manga ancha para desdibujar la sombra de Angelina Jolie. La elección de Alicia Vikander se prueba acertada más allá del parecido físico. Sus cualidades interpretativas trascienden al presupuesto de la cinta, consiguiendo creíbles la desazón y furia contenida de una saqueadora de tumbas en ciernes.

El guión de Evan Daugherty y Geneva Robertson-Dworet se toma su tiempo, no transportándonos hasta Yamatai sin mostrar lo cotidiano de Lara. Choca verla repartiendo comida a domicilio, pedales mediante, pero ayuda a enmarcarla en un contexto contemporáneo. Se comprenden también las motivaciones del personaje, enriqueciéndose la trama de Crystal Dynamics. No obstante, esta primera hora puede impacientar al gran público, deseoso de saltos al límite e intercambios de balas.

Cumplidora Vikander en este Tomb Raider fidedigno, aunque de metraje descompensado

Recibirán su dosis bajo una capa de efectos especiales notable, nunca puntera. La secuencia del avión quejumbroso supone el culmen, cuando se aprovecha para insertar muchas de las florituras que ejecutamos a los mandos. Minutos después queda meridiano el gran problema del film: su desequilibrio, como si el director (un desconocido Roar Uthaug) constatase de pronto haber derrochado minutos. Los hechos se suceden entonces sin descanso, sin tiempo para giros ni reflexiones, lo que resta credibilidad a ciertas escenas. En menos de lo que canta un gallo, Croft encara al malo, se reencuentra con el pasado y da sus primeros pasos como arqueóloga.

De lo anterior, chirría especialmente uno de los secundarios, que colma de clichés buena parte de la producción. Expoliar la tumba de Himiko (diosa de la muerte) debería suponer el momento álgido, pero nada más lejos de la realidad: trampas, refriegas y cabriolas decepcionan por comparación a lo visto hasta el momento. Sí que aplaudimos la aproximación realista al mito de Yamatai, pues el componente sobrenatural no hubiese casado con el tono impreso.

El cliffhanger final ratifica la flaqueza del antagonista y nos hace pensar en una película mejor estructurada, que abordarse también las revelaciones de Rise of the Tomb Raider (indiscutible en términos narrativos). Pero no, los productores confiaban ciegamente en una secuela. Quizás demasiado.

Sea como fuere, Tomb Raider sabe transmitir las sensaciones del software homónimo y Vikander personifica a una Lara más humana y creíble que nunca. Hablando de cine sobre videojuegos, ya es mucho decir.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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