Twitch acaparó el 44% del streaming de vídeo en Internet el año pasado. La plataforma suma millón y medio de canales, 100 millones de espectadores, y 16.000 millones de minutos visionados por mes (106 minutos de media por usuario al día). Semejante audiencia implica tomar decisiones peliaguadas, como la prohibición de retransmitir aquellos títulos que pudiesen herir sensibilidades.

Si uno navega por la página de Twitch encuentra una lista con 14 títulos vetados, a los que se suma cualquier otro calificado para adultos por el Entertainment Software Ratings Board (ESRB) estadounidense. El último en incorporarse ha sido Rinse & Repeat, uno de los tantos proyectos experimentales del desarrollador independiente Robert Yang. “Aclara y Repite” nos sitúa en las duchas de un gimnasio con el propósito de frotar (en primera persona) al hombre de turno. Sigue sus instrucciones al pie de la letra y obtén el aprobado incondicional, no hay más. ¿El propósito? Puedes deleitarte contemplando aquello que no cubren los pixeles, aunque Yang busca reflexionar sobre la vulnerabilidad del desnudo al consensuarse un espacio de intimidad.

Manifestación artística al fin y al cabo que Twitch coarta al malinterpretar su propio reglaje ambigüo. “El desnudo no puede focalizar el juego en cuestión. Se permite de forma circunstancial, siempre y cuando no centre la mayor parte de la retransmisión e inviertas el tiempo estrictamente necesario para progresar en la trama”, dicta el portal que no hace mucho mostraba escotes entre sus emisiones más seguidas.

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No es la primera vez que Yang enfrenta esta situación, pues Cobra Club también figura en la lista de marras. Bromea con ser el desarrollador más censurado en Twitch y denuncia la comparativa con juegos que sobrepasan por mucho el mal gusto: “Twitch equipara mis juegos con otros tan repugnantes como RapeLay. Dicha equivocación me ofende, porque mis juegos se basan en ideas de consentimiento y respeto. […] Lo que realmente me cabrea es que los desnudos son parte intrínseca de mi obra, sin la que no funciona como expresión artística. Para Twitch los pechos azules de un alien en Mass Effect son tan tolerables como la explotación del físico femenino en Dead or Alive o el atuendo de Quiet en Metal Gear Solid. ¿Es eso más apropiado que un juego en el que le frotas a un tío la espalda? (Añadamos un poco de homofobia a la mezcla ya que estamos)”.

Interesa repasar otros programas recriminados por Twitch, comenzando por el propio RapeLay. Prohibido en varios países, el juego de Illusion Soft nos convierte en acosadores y violadores de una madre y sus dos hijas, desplegando un completo repertorio de posturas sexuales e incluso un indicador del riesgo de embarazo. Secuencias de sexo explícito que algunos defienden con que muchos videojuegos demandan el asesinato, “un crimen mucho peor”. El Organismo japonés independiente para la Ética del Software Informático (EOCS) frenó su producción y distribución en mayo de 2009.

Similar índole presenta Battle Raper, franquicia de la misma desarrolladora y anterior a RapeLay. No en vano, la denigración plasmada por este juego de combates uno contra uno motivó la creación de la EOCS. Cada ataque desprende al contrincante de una prenda, además de incluirse una modalidad para ‘molestar’ libremente a las cuatro luchadoras disponibles. La secuela rehuyó las críticas al desechar la violación en favor del sexo consentido.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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