Planteé una review al uso de la nueva tableta electrónica de Apple, pero hubiese resultado una ristra de alabanzas. Una semana de uso intensivo ratifica al nuevo iPad Pro de 10,5 pulgadas como un gadget de potencia desmedida, preparado para sustituir a cualquier portátil en el desempeño de tareas profesionales. Su pantalla también casa con la reproducción multimedia y el disfrute de ocio electrónico, gracias a una frecuencia de actualización adaptativa: hasta 120 Hz según el tipo de contenido,  pues no es lo mismo consultar una página web que visionar una película, cuando la tecnología ProMotion reduce la tasa de refresco.

Sí, el panel del nuevo iPad Pro es toda una razón de compra: 600 nits de brillo, amplia gama cromática (P3) y una reflectividad del 1,8% arrojan resultados despampanantes, imposibles sin el procesador A10X Fusion. Editar vídeo 4K o renderizar imágenes 3D con fluidez son sólo algunas de sus posibilidades, habiéndose incrementado un 30% su velocidad respecto a la generación anterior (un 40% si hablamos de procesamiento gráfico).

ipad-pro-draw-colorsHasta aquí las especificaciones, pues creí más conveniente poner a prueba el hardware. ¿Podría trasladar mis siete horas de trabajo diario a la tableta? Esto considerando que sus grandes virtudes no quedarán patentes hasta la irrupción de iOS 11, cuando se habilitarán prestaciones como el Dock (ya clásico en macOS), un gestor de archivos, selector de aplicaciones y una multitarea mejorada con el arrastre de información o adjuntos entre aplicaciones.

Recibí este iPad Pro junto al nuevo teclado inteligente de Apple y su Pencil, ahora con una latencia de 20 milisegundos (uno menos que el Surface Pen de Microsoft). Hablamos del lápiz digital más rápido del mercado, lo que me viene de perlas para la toma de notas en convocatorias mediáticas. El gran inconveniente respecto a mi habitual Moleskine es el calentamiento inherente a cualquier dispositivo electrónico, pese a lo cual se agradece la nueva superficie de pantalla (un 20% más que en el iPad Pro de 9,7 pulgadas) y los marcos ínfimos. Uno puede apoyar toda la mano mientras escribe, obteniendo una respuesta natural y sensible a la presión, de forma que imprimamos estilo a la escritura. La aplicación de notas se antoja algo básica, aunque el App Store dispone toda clase de soluciones, algunas capaces de convertir los trazos en texto digital. El ahorro de tiempo al editar la información es evidente, sobre todo al poder hacerlo en el trayecto a la oficina, gracias al Smart Keyboard.

El teclado, que a su vez sirve de protector frontal y stand, mejora la separación entre teclas de su predecesor. La mecanografía es realmente cómoda, aún reposando el keyboard en nuestro regazo cuando el vagón o autobús sucumben al traqueteo. Además, la interfaz se adapta en consecuencia, habilitándose atajos para cambiar de aplicación, volver a la pantalla de inicio, copiar o pegar texto… (cada aplicación dispone sus accesos directos manteniendo pulsada la tecla “comando”). Conjugar selecciones táctiles y teclado se hace un poco raro al principio, pero no tardas en acostumbrarte.

La compatibilidad de Pages con iCloud también me ha resultado fundamental. Aunque la tableta viene equipada con 256GB (64GB en el modelo básico), el almacenamiento en la nube permite el acceso a todos nuestros documentos. La última actualización del procesador favorece el enriquecimiento de texto, amoldando cualquier imagen de nuestra fototeca con su mero arrastre. Todos hemos padecido ese momento en que un dibujo descompone la maquetación de horas, lo que resulta casi imposible de arreglar sin ratón de por medio. Como digo, la formidable optimización me ha evitado el trance.

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Más problemática es la conexión a redes virtuales privadas (VPN) para trasvasar la información al gestor de mi sitio web. En el caso de FS Gamer, un autoalojado de WordPress, inaccesible desde la aplicación oficial. Para esto ingreso mis credenciales en Pulse Secure y accedo a la url de turno en Safari, teniendo disponibles todas las opciones de que disfruto en sobremesa. O casi todas, porque la carencia de cursor me impide recortar imágenes en el editor de WordPress. Lo más conveniente es retocarlas con una aplicación externa y para eso nada mejor que Pixelmator. No hablamos simplemente de retoques, puesto que el sucedáneo de Photoshop permite tareas a priori impensables en un iPad. Podemos trabajar con archivos .psd y mover capas a nuestro antojo, como al diseñar carátulas para el canal de YouTube, por ejemplo. Tocamos el elemento que nos interesa y lo movemos, reducimos o traemos al frente en cuestión de segundos. Igual con imágenes .png, contorneadas automáticamente para su inclusión en montajes.

Y ya que hablamos de archivos, su gestión es otra de las preocupaciones que me asaltaban. Hasta la llegada de Files, amén del propio iCloud Drive, disponemos de aplicaciones gratuitas como “Documents“. Nos salva muchas papeletas, ya que podemos sincronizar todas las plataformas en la nube (Dropbox, OneDrive, Google Drive…), acceder a servidores FTP (como los de las diferentes editoras) y mover cualquier documento, imagen o vídeo a nuestro dispositivo. Otra opción imprescindible es la descarga de archivos desde sitios web, algo imposible con Safari para iOS. Pongamos que recibís un lote de fotos por Wetransfer: basta introducir la url en el navegador de “Documents” para comenzar la descarga.

De cuando en cuando también toca editar vídeos, lo que es posible en términos de rendimiento. Sin embargo, la versión móvil de iMovie se antoja bastante limitada si pretendemos algo más que unas imágenes locutadas con música de fondo. Es la locución lo que puede dar más problema, pues grabar con el micrófono del iPad no resulta demasiado aconsejable. El adaptador Lightning a USB de Apple (pensado mayormente para conectar cámaras fotográficas) es compatible con algunos micrófonos, aunque se venden soluciones específicas para quien pretenda utilizar hardware de alta gama.

Se acerca el final de mi jornada y subo el montaje de marras a YouTube desde la aplicación oficial, en Split View (pantalla partida) con el editor de WordPress. 10,5 pulgadas pueden parecer pocas para estos menesteres, pero cumplen su cometido, especialmente al compaginar redacción con ventanas de chat. Eso sí, no todas las aplicaciones están preparadas para ejecutarse en paralelo… algo que esperamos se corrija en iOS 11.

La gestión de redes sociales es lo único que resta antes de apagar el iPad, aún con suficiente carga (los de Cupertino prometen hasta 10 horas de uso intensivo y no lo hacen en vano). Hootsuite es una buena opción para programar publicaciones en Facebook, Twitter o Instagram, donde las cámaras frontal (7 megapíxeles) y trasera (12 megapíxeles) demuestran su solvencia. Por fin un iPad equipara la capacidad fotográfica del iPhone, permitiendo además la grabación de vídeo 4K.

Siete horas después, el nuevo iPad Pro ha recortado bastante terreno al MacBook (los test de rendimiento lo sitúan por encima de algunos modelos de 2016). Determinados procesos siguen resultando más cómodos en equipos al uso, pero miro esperanzado al otoño, cuando iOS 11 cambie las reglas del juego. Por lo pronto, me tranquiliza saber que mis tareas usuales son practicables en estos 496 gramos. Dicho de otro modo, el iPad sirve ya para algo más que “salir del paso”.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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