3 de diciembre de 1986. Han pasado cuatro días desde el trágico asesinato de tu padre. Cuatro días de dolor, pensar, meditar y llorar antes de volver a nuestra vida normal.  Salir de nuestra habitación pocas veces fue tan difícil. Nos sentimos tan aturdidos por los dramáticos acontecimientos vividos que casi ni reconocemos nuestro entorno. En una mezcla de remoloneo y refrescar la memoria, abrimos uno a uno todos los cajones y armarios de nuestro cuarto. Apenas un par de cintas de música y ropa. Resignados, aceptamos que ha llegado la hora de salir de nuestro encierro y hacer frente a la nueva realidad de nuestro entorno. Ine-san, que está tan afectada como preocupada por nosotros, nos sale en el pasillo para comprobar cómo nos encontramos. Tras un breve intercambio en el que ninguno quiere ahondar demasiado en el dolor, nos damos una vuelta por casa, todavía sin saber muy bien qué hacer de nuestras vidas. Visitamos estancias en las que casi nunca entramos y sacamos nuestra vieja consola de debajo del mueble de la tele. Quién sabe, igual un día de estos nos apetece volver a jugar y no está de más dejarla montada.

Tras hacer acopio de fuerzas, llega el momento de salir al exterior. El día no es precisamente muy soleado, aunque es normal puesto que nos encontramos en pleno invierno. La nevada del día del fallecimiento de nuestro padre ha remitido, pero todavía se notan sus estragos en el entorno. Tras deleitarnos viendo el bello cerezo del jardín y hablando con Fuku-san en el dojo anexo en el que tuvo lugar el desgraciado acontecimiento, salimos por fin al mundo exterior. Un mundo que se antoja desconocido de repente, en el que de repente todo parece una amenaza y en el que estamos constantemente alerta a todo cuanto nos rodea. Casi sin darnos cuenta, nos dejamos llevar por ese sentimiento de ira que albergamos en el interior y empezamos a preguntar a los vecinos del barrio si han visto algo la noche de los hechos. La ira va creciendo en nuestro interior y el sentimiento de venganza se va apoderando de nosotros. Ansiamos recorrer todos los recovecos de nuestro barrio de Sakuragaoka y de la cercana Dobuita en pos de todo resquicio de pista que podamos encontrar.

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Aunque las ganas de vengar la muerte de nuestro padre son muy grandes, una pequeña parte de nuestro subconsciente sabe que no puede dejarse llevar plenamente por ese sentimiento de dolor y sed de sangre. Para mantenernos en este lado de la cordura nos abandonamos a nuestra afición de coleccionismo de figuras y ayudamos a la gente necesitada por la calle, ya sea una anciana que se ha perdido o una pobre niña que quiere cuidar a un gatito que se quedó huérfano la misma noche que nosotros. También recurrimos a la figura siempre familiar y cercana de Nozomi, una vieja amiga con la que podría haber algo más. Quién sabe. El momento no es el adecuado para una relación, pero el afecto mutuo es evidente y es una persona a la que mantener cerca. Y no nos olvidemos de Tom, el americano que vende perritos calientes en las calles. Siempre fue muy gracioso verlo, una particular personificación de la globalización, con un aspecto desgarbado y colorido que destaca con el gris y la formalidad inherentes al mundo nipón.

Shenmue hace propio el viaje a la madurez de su protagonista

El día pasa y la búsqueda de pistas avanza muy lenta. Sobre todo, parece que llegamos a un punto muerto en la búsqueda de unos marineros que, por lo visto, podrían saber algo sobre el asesino de nuestro padre, ese tal Lan Di. Para hacer tiempo hasta la hora de apertura de un local de mala muerte, nos damos un paseo por el salón recreativo. Nada mejor que una partida a Hang On para relajarnos y hacer tiempo. Podríamos entrenar en el parque para mejorar nuestras habilidades, pero hoy todavía no estamos de humor para eso. Quizás mañana. Compramos comida para el gato antes de que cierre el supermercado y nos dirigimos al local en el que se reúne la gente a la que queremos interrogar. Como no podía ser de otra forma en ese tipo de locales, lo que podrían haber sido dos preguntas sencillas acaba en una gran trifulca. Por suerte, nuestro padre nos entrenó bien desde nuestra más tierna infancia y no nos resulta demasiado complicado acabar con cuatro borrachos enfadados. Con la poca información que hemos podido conseguir, optamos por volver a casa. Tras una llamada telefónica a Nozomi para darle las buenas noches (porque, tal y como nos dijo nuestro padre, es importante mantener cerca a nuestros seres queridos), nos metemos en la cama.

Los últimos pensamientos del día nos hacen pensar en el futuro inmediato. Mañana nos espera otro largo día buscando al asesino de nuestro padre. Claro que también podríamos cogernos el día libre y dedicarnos a hacer el vago y pasar el día con los amigos. Lo decidiremos mañana mismo, sobre la marcha. Tampoco hay prisa, ¿no? Además, el atuendo del asesino de nuestro padre parecía ser chino. Quién sabe, igual acabamos adentrándonos en las profundidades de las montañas de China para seguirle el rastro. Claro que para poder afrontar un viaje como ese tendríamos que ganar mucho dinero. Bueno, siempre nos queda la opción de trabajar en el puerto. Una vecina de Sakuragaoka te comentó que estaban buscando gente y que era un sueldo bastante digno. Viajar a China. Suena casi a locura para nosotros, que apenas hemos salido de nuestro barrio y que, tras el trauma por lo de nuestro padre, hasta nuestro propio hogar se nos antojó extraño durante unas horas. Cierto es que poco a poco fuimos recordando todos sus recovecos y familiarizándonos con sus calles y tiendas, pero da miedo pensar en la inmensidad del gran mundo. Además, ¿quién es esa joven china con la que soñamos tan a menudo? El agotamiento está haciendo mella en nosotros. Será mejor dejar de especular con el futuro y ver adónde nos lleva el día de mañana…

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Es en ese momento en el que Ryo Hazuki cierra los ojos cuando somos conscientes de que no somos él, sino que estamos jugando a Shenmue. El primer día con el juego supone un choque tan grande que es fácil dejarnos absorber por su universo hasta tal punto de creer que su vida es nuestra, que sus amigos son los nuestros y que compartimos sus motivaciones. En cierto modo, así es: Shenmue es un juego que refleja tan bien la realidad que muchas de las temáticas que trata se pueden extrapolar a nuestras vidas cotidianas. La profundidad del universo sigue sin tener parangón en ningún otro juego hasta la fecha, como tampoco lo tiene esa capacidad para hacernos empatizar hasta con los simples personajes que vagan por la calle. Cada uno es diferente, y eso se nota: el peluquero, las colegialas que están haciendo novillos, Tom, Nozomi, las señoras que van a hacer la compra a la misma hora todos los días… Puede que el destino de Ryo esté sellado por las leyes del argumento, pero la forma en la que vivimos la experiencia es única y exclusiva de cada jugador. Quienes lo critican por ser un «simple simulador de paseos» no han sabido ver más allá del impacto inicial y han emitido un juicio de valor injusto ante una producción que rompe el molde para crear su propio género.

Sí, en Shenmue damos muchas vueltas por las calles, pero es precisamente ese paso de la cotidianeidad a la complejidad de una gran trama muy enrevesada lo que nos hace sentirnos como Ryo, quien va creciendo como persona, como luchador y como personaje a lo largo de las horas de juego. Es precisamente el percatarnos de que no somos nadie en el gran mundo lo que nos hace sentirnos tan dentro de la experiencia; no somos grandes héroes, ni nos conoce nadie que no sea de nuestro entorno cercano, ni tenemos grandes superpoderes, ni mil vidas y continuaciones. Simplemente somos un joven que se ha quedado huérfano y se ha visto obligado a madurar a pasos agigantados. Su viaje hacia la madurez puede convertirse en el nuestro propio y, si ya mereció la pena el viaje en Shenmue y Shenmue 2, a buen seguro merecerá la pena seguir adelante con Shenmue 3. 14 años de espera que han merecido la pena para revivir y disfrutar de esta gran historia como se merece. Ya no vale la excusa de que la historia nunca verá su final, puesto que el movimiento de millones de usuarios ha permitido que la continuación sea una realidad pese a que muchos habían tirado ya la toalla.

Pero esa es otra historia que ya contaremos en el todavía lejano 2017. De momento, afrontemos nuestro segundo día en nuestro segundo hogar virtual. Tenemos una cita con un posible informante a las 12. Seguro que antes podemos echar una partida a la Saturn y hacer una visita a Nozomi. Seguro que puede haber algo entre estos dos tortolitos…

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Ramón Méndez: Traductor, intérprete y periodista desde 2003. Especializado en videojuegos, ha colaborado en diversas publicaciones especializadas y generalistas, además de dedicarse profesionalmente a la localización de videojuegos y a la interpretación de eventos especializados. Profesor de las Universidades de Vigo y Alicante (tanto de traducción como de cursos de creación de videojuegos). Doctor en traducción por la Universidad de Vigo, autor de Localización de videojuegos (Servicio de publicaciones UVigo) y coautor de La odisea de Shenmue (Héroes de Papel).

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