Lo indie está de moda, eso nadie puede negarlo. Pero tampoco nos engañemos: la proliferación de estudios independientes acabará reventando cual burbuja, dejando sólo a los mejores sobre el terreno. Y, seamos honestos, con mayor o menor acierto y con mayor o menor voluntariedad, muchos de estos estudios abusan de términos como “retro” o “pixel-art” para traernos proyectos de bajo presupuesto, que esconden una flagrante falta de recursos.

Que nadie me malinterprete: por supuesto que existen títulos de corte clásico y/o estilo pixel-art magníficos (me vienen a la cabeza Braid o Maldita Castilla). Pero, como es obvio, en un mercado tan saturado no es oro todo lo que reluce, ni muchísimo menos.

También son muchos los estudios que se han atrevido a desarrollar en 3D, deseosos de juegos con mayor profundidad y una belleza visual sin parangón. Algunos ejemplos pasados por nuestras manos: el isométrico Pillars of Eternity, el juego de terror en primera persona Layers of Fear o la distópica aventura “telltale-like” de los barceloneses a Crowd of Monsters, Blues and Bullets.

El error que lo cambió todo

Lo que comenzó como un error se ha convertido en uno de los motores gráficos más versátiles y usados del mercado, consiguiendo dar alas (y forma) a proyectos que, de otra manera, probablemente jamás hubieran llegado a buen puerto.

Sí, hablamos de Unity, la herramienta de desarrollo tras joyas como Firewatch, SuperHot, 1979 Revolución o The Descendant. Pero no sólo “vive” de desarrollos indies: compañías como Square Enix (Hitman: Sniper) o la mismísima Blizzard (HearthStone) también han puesto sus ojos en él.

El polivalente motor gráfico nació, en efecto, del fracaso de un juego apodado GooBall (2004). Sus responsables, los daneses Unity Technologies, reconocieron el valor del engine para aquellos pequeños estudios sin los medios técnicos o económicos que les permitiesen crear su propio motor o licenciar alguno de los más conocidos.

Desarrollo y calidad asequibles

La primera versión de Unity se lanzó en 2005, durante la Conferencia Mundial de Desarrolladores de Apple. Su tercera versión llegó en 2010, ya con la vista puesta en los servicios multiplataforma y la introducción de herramientas para estudios de alta gama. Su última iteración, Unity 5, incluye soporte para DirectX 11 y Linux entre otras novedades.

Pero, más allá de la ampliación de sus características, Unity destaca por otros motivos: es un entorno de desarrollo completo, muy intuitivo para los desarrolladores noveles, que además incorpora una gran potencia de renderizado, shading de base física y flujos de trabajo altamente optimizados. Todo ello gratis.

La versión personal de Unity (que te permite comercializar juegos) es totalmente gratuita, mientras que la edición Profesional puede licenciarse desde 75 dólares al mes (todo dependerá de qué queramos hacer y hasta dónde queramos llegar). Este hecho (junto a su excelencia productiva) ha hecho que cientos de estudios y pequeños desarrolladores se lancen como locos a trabajar con Unity. Eso sí, las licencias para crear en plataformas como PlayStation 4 o Xbox One se negocian directamente con la compañía.

Tal ha sido el impacto de este motor gráfico que empresas como Epic Games (Unreal Engine) también permiten licenciar sus engines de forma gratuita… aunque con letra pequeña: se queda con el 5% de los beneficios en forma de comisión. Por su parte, Crytek se ha pasado al modelo “pay what you want” (paga lo que quieras) con su Cry Engine; y, obviamente, ninguno de estos dos últimos son tan sencillos de usar y tan asequibles como Unity. La guerra está servida.

La democratización del desarrollo de videojuegos

Unity cuenta con una gran comunidad detrás, cientos de tutoriales accesibles, soporte continuo para su versión “Pro” y, sobre todo, iniciativas por parte de Unity Technologies para capacitar a los desarrolladores mediante la ampliación de sus capacidades y el alcance del cliente.

Dentro de estas iniciativas destacan dos: Asset Store y Union. Asset Store hace las veces de punto de encuentro, donde más de 150.000 usuarios de Unity pueden acceder a una colección enorme y en continuo crecimiento de modelos 3D, texturas, sistemas de partículas, música y efectos de sonido…

Por su parte, Union, se dedica a la sindicación de los juegos de Unity para entornos móviles, televisiones inteligentes, tiendas de aplicaciones y otras plataformas. Esta subdivisión de Unity Technologies trabaja con los desarrolladores para el lanzamiento de sus juegos en dispositivos distintos del PC o las consolas.

Y ahora, ¿qué?

La intuición y la experiencia nos indican que a Unity le espera un futuro esperanzador. A ojos de muchos desarrolladores (los más humildes) es una herramienta muy querida y a tomar en cuenta, que también empieza a serlo para producciones de mayor rango dentro de los grandes estudios de la industria.

Sus máximos enemigos son el abaratamiento de las licencias de otros grandes motores y, aunque parezca ilógico, sus propias limitaciones. Necesita seguir creciendo para ofrecer resultados de producciones “Triple A”, sin olvidarse de aquellos en quien se pensó a la hora de desarrollarlo.

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