Ha tenido que ser Apple, como de costumbre, la que haga saltar la liebre. Pese a las críticas por el solitario puerto y discretas especificaciones de su reinventado MacBook, los de Cupertino han conseguido que todo el mundo se pregunte por "eso del USB-C". En resumidas cuentas podríamos hablar de un puerto para gobernarlos a todos.

Antes de comprender las ventajas de este nuevo tipo de conexión, conviene ahondar en los estándares que la precedieron a manos del USB Implementers Forum. Esta organización sin ánimo de lucro se conformó en 1995 para el desarrollo e implantación del consabido puerto USB, con participación de gigantes tecnológicos como Intel, IBM, Nortel, Compaq, Microsoft, DEC y NEC. Fruto de sus esfuerzos surge la especificación USB 1.0 en 1996 (velocidad de hasta 1,5 Mbit/s), a la que sustituiría el popular USB 1.1 en 1998 (12 Mbit/s).

La adhesión de corporaciones como Apple, Hewlett-Packard o Agere Systems aceleró el desarrollo de los nuevos estándares USB 2.0 (480 Mbit/s) y USB 3.0 (5 Gbit/s), implantandos en 2000 y 2008 respectivamente. La USBIF certificó a su vez varios tipos de conector para cada especificación: tipo A (rectangular e insertable por una sóla cara), tipo B, mini-A, mini-B (o mini USB), micro-A y micro-B (o micro-USB).

La irrupción del estándar 3.1 supone al tiempo una nueva tipología: USB-C, que por supuesto comparte un ancho de banda de hasta 10Gbp/s y 20 voltios de potencia de salida (frente a los 5 voltios del USB 3.0). Suponen tales cifras una rapidez de transferencia asombrosa y la opción de alimentar toda clase de dispositivos, incluso varios a la vez, tales como smartphones, ordenadores portátiles, tablets… De ahí que el nuevo MacBook pueda cargarse desde el puerto USB. 

USB-C también transmite corriente en ambos sentidos, pudiendo compartirse la carga de un portátil con nuestro teléfono, por poner sólo un ejemplo. Dicha bidireccionalidad remite a su carácter reversible. Se acabó el no acertar a la primera: el conector USB-C puede introducirse tanto del derecho como del revés.

Pero quizás lo más conveniente sea la compatiblidad con numerosas conexiones de vídeo: DVI, VGA y DisplayPort, lo que su vez implica el soporte del formato 5K sin perjuicio para la transmisión simultánea de información, audio o energía. Se acerca el día pues en que todos nuestros dispositivos se conecten al ordenador con un único cable: monitores, impresoras, reproductores, smartphones, tabletas electrónicas, cámaras fotográficas…

Todo un sueño hecho realidad por el que no tendremos que esperar demasiado. Nokia dio el primer paso con su N1, seguida por Apple (MacBook) y la propia Google (Chromebook Pixel). De hecho, la delgadez del conector tipo C garantiza su inclusión en cualquier ultrabook comercializado a posteriori. Los fabricantes de accesorios tampoco se quedan atrás: LaCie lanzará próximamente el primer disco duro USB-C y SanDisk un pendrive híbrido (USB 3.0 y USB-C).

Normal preguntarse si nuestros actuales dispositivos USB quedarán obsoletos una vez USB-C reine por derecho propio. La respuesta es negativa, pues USB 3.1 es compatible con los estándares anteriores, sólo que en el caso de ordenadores con el nuevo puerto necesitaréis adquirir un adaptador. Cierto que su precio raya lo inadmisible, pero es el precio a pagar por un salto tecnológico de los que merecen (y mucho) la pena.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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