Últimamente noto que al día le faltan horas, como si el tiempo acelerase su discurrir conforme bordeas la treintena. Ejercitar aficiones se convierte en un lujo cuando tienes la suerte de un trabajo estable y, para colmo, vives en pareja.

Paradójicamente, seguimos adquiriendo juegos al ritmo de antaño, solo que ya no acumulan polvo en la estantería por el auge de los saldos digitales. Pasear por un mercadillo dominguero y hacerse con alguna joya de los noventa son todo uno… aunque difícilmente desempolvarás tu Super Nintendo para dedicarle más de veinte minutos. No, porque tienes a la espera cuatro novedades, todas compradas el día de lanzamiento y sin desprecintar.

¿Toca asumir que las partidas de seis y siete horas son cosa del pasado? De repente, aquellos días de verano a los mandos parecen pocos. Debimos aprovechar mientras aún teníamos oportunidad, pese a los gritos maternos de exasperación. Llegas a casa tras la jornada laboral y caes preso del sofá. No es plan de encerrarte en ‘el cuarto de los jueguicos’ e ignorar a tu cónyuge las pocas horas que podéis pasar juntos.

Si te sientes reflejado, es que necesitas soluciones urgentes de conciliación. La primera pasa por frenar las compras compulsivas. Amontonando carátulas en el aparador tan sólo conseguirás frustrarte y convertir algo a priori placentero en la obligación de completar juegos a la mayor velocidad posible.

Grábate a fuego lo siguiente: no tienes necesidad de agenciarte todas las superproducciones (usualmente tildadas de imprescindibles) conforme salen a la venta. El Desenlace del Ladrón seguirá molando tanto a unos meses vista que en pleno mayo. La sensación de jugar a la par que la comunidad resulta impagable, pero no vas a ser peor jugador por alcanzar los títulos de crédito con retraso. Si el ansia por jugar al último Grand Theft Auto desaparece pasadas unas semanas, quizás sea porque ‘alguien’ ha sucumbido a la presión social en lugar de ser coherente con sus preferencias.

Concéntrate en completar Unity antes de pensar en Syndicate y nunca abandones el mapeado a medias, porque terminarás probando de todo pero sin la satisfacción del deber cumplido. Saborea cada partida, ya que esos minutos de distensión te habrán costado oro. Hay formas de jugar más, por supuesto. Los géneros de mundo abierto implican una media de 40 horas, imposibles de invertir para cualquier padre de familia. Avanzarás tan lento que te podrá la desesperación y terminarás por pasar a lo siguiente. Prioriza entonces los títulos fragmentados en fases. No tienes que conformarte con el Candy Crush de turno (si no te satisface): hay mucha aventura de acción que puedes abordar a un capítulo por día e incluso éxitos independientes que no te llevarán más de dos o tres horas.

Otra cuestión clave es la dificultad. En la mentalidad del sector, optar por el nivel más bajo es ser jugador de pacotilla. No obstante, cuanto menos tiempo tenemos para jugar, más rehuimos de la complejidad. A nadie le apetece dedicar 60 minutos a batallar un jefe final… y acabar apagando la consola preso de la frustración. Echar en saco roto, que se dice. Deja The Legend of Zelda para los fines de semana o bien tira de walktrough en YouTube si has dado demasiadas vueltas por esa mazmorra. Dar con la tecla por uno mismo reconforta, pero hay veces que simplemente no compensa.

De lunes a viernes, las consolas portátiles serán tus grandes amigas. Ya que la programación televisiva no suele requerir de toda tu atención, a tu amorcín no le importará que te dediques a Mario & Luigi entre tanto. Piénsalo: acabaríais igualmente con El Hormiguero de fondo, mientras ojeáis vuestros respectivos smartphones (sí, vaya asco de sociedad moderna y tal, pero es lo que hay). Tan sólo tienes que sustituir teléfono por 3DS durante esos ratos muertos de sofá.

Personalmente, he encontrado un gran aliado en el juego remoto. Me resultaría imposible dedicarme a Far Cry Primal (de cuya crítica me encargo) si no fuese por PS Vita. Mientras mi pareja ve el último capítulo de su serie favorita, yo le acompaño testimonialmente, cazando bestias prehistóricas. Lo mismo ocurre con Wii U y su GamePad. Cierto que no jugamos en condiciones óptimas, pero lo hacemos al fin y al cabo (lo que teóricamente importa, más allá de resoluciones, frames por segundo y otros debates absurdos).

Se puede ser jugador, trabajador a jornada completa y padre de familia, pero debemos asumir que los tiempos han cambiado. Procura vaciar el plato antes de volver a llenarlo, saborea cada bocado, no acudas al supermercado en horario de máxima afluencia y deja los guisos contundentes para el fin de semana.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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