Super Mario

Ya, parece una sugerencia obvia, pero una cosa es que los abuelos tengan una consola de Nintendo con un Mario por casa para que jueguen los niños y otra es animarse a jugar con ellos. Si un adulto que no sepa de videojuegos aparca sus prejuicios y le dedica unas horas a un Super Mario probablemente se lleve una sorpresa: cuando un juego se convierte en clásico y sobrevive al paso del tiempo, normalmente es por una buena razón. Si incluso el peor Super Mario es un juego por encima de la media, los mejores son una clase maestra interactiva en diseño de niveles, depuración de mecánicas jugables y, por decirlo rápido, diversión a raudales. Son juegos sencillos, en el sentido de que no se construyen con muchos elementos; pero Nintendo necesita pocas piezas para crear una obra maestra detrás de otra. Los Super Mario no son necesariamente juegos fáciles, pero tampoco buscan castigar al jugador: quien ya haya ganado cierta soltura con el mando puede enfrentarse a ellos sin problemas: son juegos diseñados para todos los públicos, que no es necesariamente lo mismo que decir para niños. Y en el peor de los casos, las cosas no se complican hasta que avanzamos un par de mundos, y en los juegos modernos siempre está el modo cooperativo para que los más hábiles echen una mano a los novatos.

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Útil para: ganar precisión, coordinación y reflejos, pasárselo como un enano.

Gustará a… cualquiera que tenga alma.

Alternativas: hay muchos juegos buenos en el género (Shovel Knight, Ori & the Blind Forest, Hollow Knight…) pero pocos con la misma capacidad para apelar a todo tipo de audiencias. Quizá Rayman Legends sea el mejor plataformas familiar sin un fontanero como protagonista de la última década.

Civilization VI

Aquí reconozco que entro en terreno pantanoso; cualquiera que me lea habitualmente (o Alfonso Gómez, que me acusa mucho de esto) me dirá que lo que me pasa es que no pierdo ninguna oportunidad de recomendar jugar al Civ. Eso es cierto, para qué negarlo, pero lo pongo aquí por razones muy concretas. Todos perdemos reflejos con el paso de los años, y por muchas ganas que le ponga, es poco probable que una persona de más de 50 vaya a aficionarse a DOOM, Dark Souls o cualquier otro juego que requiera de cierta velocidad de reacción. También puede ser que directamente uno no tenga ganas de que un juego le estrese o le genere emociones fuertes, aunque sea para bien. Como expliqué en mi artículo sobre juegos para padres, según nos hacemos mayores y vamos teniendo una familia los hábitos de juego cambian, tenemos menos tiempo, jugamos a salto de mata en ratos dispersos… Civilization se adapta muy bien a eso, pero también es un juego lo bastante amplio y complejo como para poder convertirlo en un hobby al que dedicarle cientos de horas. No es casualidad que la media de edad de los juegos de estrategia por turnos como Civilization tienda a ser bastante alta. Sea por tener poco tiempo o por haber cumplido ya una edad en la que no le apetece volarle la cara a escopetazos a demonios gigantes, Civilization es justo el juego que muchísima gente aún no sabe que le encanta. Y puede ser la puerta de entrada a la estrategia en tiempo real, que exige mayor velocidad a la hora de tomar decisiones. Sí, aprender a jugar requiere unas cuantas horas de aprendizaje, pero en dificultad baja la cosa se facilita bastante, y si alguien tiene paciencia para hobbies como las maquetas, las miniaturas o las manualidades, le sobra para aprender a dirigir los destinos de un imperio. 

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Útil para: desarrollar la gestión de recursos, planificación y pensamiento estratégico; aprender a navegar por menús y encontrar la información relevante.

Gustará a… aficionados a la Historia, al ajedrez o el go, a los juegos de mesa (especialmente a los de estrategia).

Alternativas: Endless Legends, Endless Space, XCOM 2, Stellaris

Superhot

Vale, otra marcianada, pero también tiene su explicación. Supongamos que a uno le atraen mucho los juegos de disparos pero no ha cogido un mando de consola o un teclado y un ratón en su vida. Los shooters requieren velocidad, coordinación, reflejos y cierta calma ante situaciones de estrés (sí, que te estén pegando tiros desde media docena de sitios distintos da estrés, aunque sean tiros virtuales). De nuevo, a todos los jugadores habituales nos parece que es muy sencillo, pero en realidad cualquier novato lo normal es que se aturda y tire la toalla en la segunda escena, si es que no se marea directamente. En Superhot hay que pegar tiros, sí, pero el tiempo se detiene cuando nos quedamos quietos; por tanto, las balas no se mueven si no lo hacemos nosotros. Así, el juego es más un puzle que un shooter, aunque sirva perfectamente para ir afinando la destreza a los mandos necesaria para disfrutar de un juego de disparos en primera persona. Además, su estética tan estilizada ayuda a interpretar el entorn, frente a las pantallas del shooter medio, sobresaturadas de información.

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Útil para: aprender a coordinar los controles necesarios para moverse, apuntar y disparar.

Gustará a… es un juego bastante experimental, así que quizá no guste a todo el mundo.

Alternativas: la verdad es que no se me ocurren muchas alternativas para el que quiera aprender a jugar a un shooter… salvo buscar alguno cuya campaña sea fácil y esté muy guionizada, tipo Call of Duty, y jugarlo en la dificultad más baja. Lástima que los juegos actuales ya no tengan trucos: antes uno sentaba al Doom al amigo de turno que quería aprender, escribía IDDQD para poner el truco de invulnerabilidad y le dejaba un par de horas haciendo el bestia hasta que le cogía el tranquillo.

Papers, please

Otro clásico contemporáneo que uno no se cansa de recomendar. En Papers, Please juegas como un agente de aduanas encargado de revisar los papeles de todo el que intenta entrar en la ficticia república de Arstotzka. La mecánica de juego no puede ser más sencilla: se trata simplemente de señalar inconsistencias en la documentación de los ciudadanos que pasan por tu ventanilla, además de seguir las órdenes específicas de la superioridad, en una especie de juego de “encuentra las diferencias”. Se supone que no podemos dejar pasar a nadie que no tenga los papeles en regla o cuyos datos no coincidan, pero además cada día nos darán órdenes arbitrarias: hoy no pueden pasar los de tal país porque son enemigos, mañana los de aquel otro; hoy pedimos a los extranjeros una foto, mañana un permiso de trabajo. Si nos equivocamos al denegar o aceptar la entrada de alguien, o si alguna historia dramática nos da lástima y le dejamos pasar, recibiremos una sanción. Suficientes errores pueden significar nuestro despido o incluso acabar con nuestros huesos en la cárcel, y tenemos una familia que alimentar esperándonos en casa. Esta premisa tan sencilla esconde una acidísima sátira contra el absolutismo, la burocracia excesiva, la deshumanización de los sistemas totalitarios; también una triste y a veces tierna mirada sobre el drama social de la pobreza y la necesidad, la degradación moral provocada por un sistema injusto, cruel y arbitrario.

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Útil para: arrasar con los prejuicios de quien cree que los videojuegos son sólo un juego; demostrar que hay juegos para todos, que no hace falta aprender sistemas de control complejísimos para disfrutar

Gustará a… prácticamente cualquiera, pero sobre todo a aficionados a las historias de espionaje y / o de la Guerra Fría

Alternativas: The Republia Times, Replica, Orwell

Lo dejo aquí por no ser pesao, que 7 juegos descritos en unas 2000 palabras ya son unos cuantos ejemplos; pero podría elegir muchísimos más juegos que cualquiera puede disfrutar y que, además, servirían para ir acercándose a este medio cada vez más rico, complejo y variado. La próxima vez que alguien os diga que no le gustan los videojuegos, que eso no es para él o ella, apostaos una cena a que podéis encontrar un juego que le haga cambiar de opinión.

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Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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