Hace justo una semana dedicamos unas líneas a recomendar juegos para niños pequeños: juegos pequeños y básicos, sí, pero aptos para que un niño o niña de a partir de dos años pueda empezar a habituarse al ocio electrónico. Esta semana vamos a intentar algo parecido, pero con una franja de edad radicalmente distinta: juegos para los mayores, para una tercera edad de la que pensamos que nunca podría aficionarse a esto de los cacharritos. Sin embargo, nuestros mayores cada vez se lanzan más y más a probar cosas nuevas, y entre ellas están los videojuegos. En los últimos años, varios estudios médicos parecen indicar que muchos videojuegos pueden ser buenos para los mayores, ayudándoles a mejorar elementos como la coordinación o la memoria. Sabemos también de sobra que hay juegos que directamente se utilizan en terapias, tanto físicas como psicológicas: la diversión es la mejor forma de endulzar un tratamiento, de hacerlo más llevadero.

Y más allá de criterios prácticos está que todo el mundo tiene derecho a la diversión, sin importar la edad que tenga, y limitar tal o cual forma de entretenimiento a ciertas edades es una estupidez. Hace no mucho tiempo (hablo de no más de dos décadas) una persona de 70 años era una anciana, dedicada a menudo a poco más que escuchar la radio, resolver crucigramas y suspirar de aburrimiento. Hoy en día mi padre, a sus 70 años, va al gimnasio a diario y lo complicado es pillarlo en casa sin hacer nada. Afortunadamente la edad ya no significa lo que significaba antes; y si el videojuego, como cualquier otro género cultural, no tiene edad, ¿por qué no acercarlo también a los mayores?

En un reportaje reciente comentamos varios juegos que son, en mi opinión, perfectos para iniciarse en este mundillo; no sólo porque sean buenos, sino también porque a través de ellos se pueden adquirir las habilidades necesarias (coordinación ojo-mano, movimiento en un entorno 3D, etcétera) para ir disfrutando de juegos cada vez más complejos. Pero eso es suponiendo que la persona en cuestión está poniendo de su parte por aprender, y está dispuesta a esforzarse un poco; y, más aún, que por su situación y condiciones es capaz de utilizar sin limitaciones un mando o un teclado y ratón. Era, por así decir, una selección sin edad; en esta ocasión vamos a centrarnos en la particular idiosincrasia de nuestros mayores. Para ello vamos a utilizar una clasificación de jugadores senior establecida por Bob De Schutter, profesor de diseño de juego aplicado en la Universidad de Miami.

Medio en broma medio en serio, De Schutter y un grupo de amigos crearon un grupo de investigación informal llamado Gerontoludic Society (Sociedad Gerontolúdica), con el objetivo de investigar, diseñar y crear experiencias de ocio interactivo para mayores. El tema acabó apasionándole, y tras años de investigarlo y tratar con muchos jugadores de la tercera edad, acabó por diferenciar entre cinco tipos de jugadores senior:

  • Los pierdetiempo, que sólo juegan para entretenerse cuando no tienen nada que hacer.
  • Los luchadores por la libertad, que se rebelan contra los estereotipos (a menudo tras una dura vida laboral) y se niegan a dedicarse sólo a “cosas de viejos”.
  • Los compensadores, que juegan para compensar algo que sienten que han perdido con la edad, o bien algo que nunca tuvieron.
  • Los buscadores de valor, que juegan para extraer algo valioso de esa experiencia de jugar: aprender algo, disfrutar de una historia conmovedora, reflexionar sobre un tema importante…
  • Ludófilos, que juegan por puro placer, que adoran pasarlo bien y disfrutan cualquier tipo de juego.

Atendiendo a esta clasificación, que no sé si es acertada pero a mí me parece fantástica, vamos a recomendar algunos juegos para cada clase de jugador senior.

Juegos para perdetiempos

Para este tipo de jugadores tenemos que buscar algún juego que sea relativamente sencillo, para que no les requiera un gran compromiso ni mucho esfuerzo. Sólo buscan desconectar, al fin y al cabo, y dejarán de jugar en el preciso momento en que se les cruce algo más importante o más atractivo. La primera sugerencia que me viene a la cabeza es Animal Crossing, un comehoras paradigmático: el juego en sí no tiene ningún fin, no hay forma de ganar o perder en él. Además es una experiencia casi relajante, con un ritmo muy pausado y una dificultad de manejo prácticamente nula. El Animal Crossing es como un jardín de piedrecitas zen hecho videojuego: un ratito jugando y uno sale en paz con el mundo. Otros juegos clásicos para perder el tiempo son los de puzles para móviles. Prefiero no recomendar juegos free to play tipo Candy Crush: hay puzles fantásticos como el Threes! u Onirim a los que puedes dedicar cientos de horas sin que te intenten meter la mano en la cartera cada diez minutos.

Juegos para luchadores por la libertad

Para este sector, casi podría enviar directamente al ya mencionado artículo con juegos para aficionar y enseñar a jugar: al fin y al cabo estamos hablando de una persona mayor que no se siente como tal y que se niega a encasillarse en cosas “de su edad”. No obstante, voy a ofrecer alguna recomendación concreta. Imagino a un jugador de este tipo como un señor o señora muy gamberra, con muchas ganas de cachondeo y dispuesto a probar de todo. Con alguien así, se me ocurre que ponerle en las manos la libertad y la variedad de situaciones y mecánicas de todo un GTA V puede ser algo inolvidable. Igual nunca avanza en la historia, ni creo tampoco que le importe un pimiento: a poco que aprenda a manejar los controles se lo va a pasar como un enano conduciendo lanchas, robando coches y en general liándola a lo grande. Hay vídeos de ancianos jugando a GTA V en Youtube que son descacharrantes. ¿Y por qué no también un Pokémon Go que lo saque a la calle a explorar y sorprenderse como un chiquillo? El verano pasado me contaron alguna historia de jubilados que aseguraban que se instalaron el juego por entretener al nieto y que acabaron pasándoselo mejor que el niño de marras.

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Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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