Con Xbox One S todo es cuestión de tamaño. La nueva sobremesa de Microsoft lleva unos días en la redacción y las impresiones no pueden ser más positivas, como si Phil Spencer y los suyos hubiesen tomado buena nota de las muchas sugerencias remitidas por los usuarios. Atrás quedaron los tiempos en que Kinect, la frustrada política de conexión permanente o el descuido de exclusivas casi dinamitan una división harto estimada.

One S llama la atención ya desde el desempaquetado. Quien se hiciese con su predecesora recordará la cantidad de cables, accesorios y manuales, aquí reemplazados por la propia máquina, el remozado Xbox One Controller, un cable HDMI y otro eléctrico. Uno de los aspectos más aplaudidos del rediseño es, precisamente, la integración del voluminoso transformador de corriente. Esto sin comprometer las dimensiones del aparato, que resulta un 40% más pequeño tanto en alto, como largo y ancho. Tal así que encaja a la perfección bajo la carcasa vacía de Xbox One. Cierto que la miniaturización no se nota demasiado en comparativa, pero sí una vez sustituida una consola por otra en el mueble del salón.

Mientras que la estética de Xbox One era sobria, más propia de un reproductor multimedia con varias décadas a sus espaldas, su hermana menor consigue transmitir modernidad sin perder la esencia formal de la plataforma. Un rectángulo perfecto en esta ocasión, terminado en mate (se acabaron las marcas inherentes a cualquier superficie brillo) y con parte de la cubierta ‘agujereada’ para facilitar la ventilación. Tranquilos quienes se preocupen por el sobrecalentamiento, porque la temperatura de la unidad nunca alcanza valores extremos, ni siquiera en modo “incio inmediato”. Nos libramos igualmente del sonido de la fuente de alimentación (sus ventiladores más bien) al dejar la consola en stand by.

El modelo de 2TB incluye una peana de anclaje más que firme. No hay inestabilidad que valga si decidimos colocar Xbox One S en vertical, aunque un servidor siga prefiriendo la horizontalidad: más accesible el puerto USB delantero (anteriormente lateral) y mayor facilidad para acceder al panel de conexión posterior. Pero siguiendo con la frontal, los botones ya no son táctiles, con lo que nos ahorramos muchos encendidos y apagados en falso.

El botón de encendido sigue iluminándose en blanco y bajo éste se añade un sensor de infrarrojos (junto al impepinable de sincronización). Porque esto sigue siendo un todo en uno multimedia, por mucho que los de Redmond renegasen de funciones como la grabación de televisión en directo. Así lo atestigua el HDMI de entrada sito en la parte posterior, indispensable para controlar nuestro televisor y decodificador sin necesidad de cambiar de mando. Pulsar el botón “home” del One Controller y ver cómo todos nuestros dispositivos se encienden al unísono es una gozada.

Junto a la salida HDMI, puerto Ethernet, sendos USB 3.0 y la entrada óptica de audio encontramos un conector IR. Desaparece así el puerto dedicado a Kinect, que ahora requiere de un adaptador. No extraña, considerando el limitado catálogo de juegos compatibles y cuasi inexistente número de previstos. El adaptador de marras no es barato que digamos (unos 50 euros), pero Microsoft lo envía gratuitamente a quienes tengan registradas una Xbox One, Kinect 2.0 y Xbox One S en su perfil de usuario. Así procedimos nada más recibir la consola, a través de un chat que se postergó no más de diez minutos.

Sabiendo que Xbox One S resulta el reproductor de Blu-Ray UHD más barato del mercado, habrá quienes se acerquen pensando en articular una videoteca. A día de hoy el número de películas disponibles es escueto y el auge del consumo digital o por streaming pone en serias dudas el éxito del formato. Sea como fuere, un extra muy de agradecer. El lector es tremendamente silencioso (como la consola en su conjunto) y a su vez compatible con discos DVD, Blu-Ray e incluso Blu-Ray 3D. Y sí, podéis seguir usando el Media Remote de Xbox One.

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Desgraciadamente, no hemos tenido ocasión de conectar la máquina a un panel 4K (actualizaremos este artículo cuando así ocurra), pero la ganancia en nitidez y colorido se hace evidente incluso en televisores Full HD. Medios de referencia como Digital Foundry confirman además un incremento en el número de frames por segundo para determinados juegos, lo que evidencia una mejora de especificaciones aunque sea mínima.

Pero si ha habido algo que me ha sorprendido eso ha sido el nuevo Xbox One Controller. Más contenido, la nueva textura de agarre arroja una comodidad sin precedentes. Los botones también han reajustado (por milímetros) su posición, resultando más accesibles y cómodos que nunca. Mención especial para los de “menú”, “opción”, cruceta y gatillos superiores (LB y RB), cuya pulsación se antojaba un tanto forzada en el mando original. Los sticks analógicos son los más beneficiados: menor resistencia al giro y mayor recorrido que se traduce en precisión extra para el shooter competitivo de turno.

La convergencia de Xbox One y Windows 10 también queda patente en el nuevo mando, que ya no necesita de adaptadores para el empleo de auriculares (sirve cualquiera con clavija de 3,5 mm) o su comunicación inalámbrica con el sistema operativo. Ésta no sólo ha mejorado su alcance, sino que ahora se produce por Bluetooth. Sincronizar el mando con cualquier dispositivo compatible y empezar a jugar conlleva unos pocos segundos, para alegría de quienes encuentran en el de Microsoft el mejor diseño hasta la fecha. Sus actualizaciones de firmware se producen también sin cables, como pudimos comprobar nada más encender la consola. ¿Por poner una pega? Sigue comercializándose desprovisto de batería y hubiésemos agradecido un puerto de carga más estandarizado.

Podemos afirmar sin temor a la duda que Xbox One S aglutina todas las mejoras que pedimos a un rediseño: es un hardware estilizado, contenido, que incrementa y reubica sus conexiones en pos de la comodidad. Adiós al transformador en forma de ladrillo y bienvenido un esquema de control ergonómico y versátil como él sólo. Como extra nos llevamos uno de los primeros reproductores UHD y las excelencias del HDR en títulos como Gears of War 4. ¿Merece la pena hacerse con una Xbox One S teniendo la anterior? Ciertamente. Quienes no deberían tener la mínima duda son los recién llegados. Nunca ha habido un mejor momento para incurrir en el universo de Xbox, especialmente con un PC bajo el brazo y Play Anywhere a la vuelta de la esquina.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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