La defensa de los animales y el tema medioambiental es otro de los puntos fuertes en cuanto a activismo en Youtube. María Cadepe o YellowMellow son algunas de las youtubers más conocidas por su interés por el derecho de los animales y la situación del medio ambiente, tal y como podemos ver a continuación en la imagen extraída de una reciente campaña con Greenpeace España para salvar el Ártico que tenemos a continuación. Lo que a Greenpeace seguramente le hubiera costado varios meses, lo consiguieron ambas en apenas unos días, ya que recogieron 88.000 firmas en las primeras 48 hrs de campaña.

Los youtubers Mangel y SrCheeto también se unieron a causas sociales el año pasado cuando participaron en una campaña para promover el reciclaje de vidrio con motivo del Festival Internacional de Benicàssim.

El Rubius, el youtuber con más suscriptores de España, con más de veinte millones, hizo también el año pasado acto de presencia en una campaña de la mano de Save the Children para concienciar sobre el acoso escolar.

Los buenos ejemplos llegan también al terreno de la educación, con casos como el de Minecraft (un juego más que conocido por sus usos en docencia), y más concretamente a través de los youtubers Adam Clarke y Johan Kruger, también conocidos como Wizard Keen y DragNOZ, creadores de Wonder Quest. Se trata de un programa educativo publicado en Youtube en el que, a través del conocido juego de Notch, no solo entretienen a niños, sino que además enseñan materias como Matemáticas, Física, Astronomía, Arquitectura o Arte. El canal ya cuenta con dos temporadas, más de medio millón de suscriptores y un total de 77  millones de visionados.

Con estos pocos ejemplos, y sobre todo teniendo en cuenta que son una breve muestra de todo el partido que se le está sacando a la plataforma de vídeo más usada de internet (ya aglutina a más de mil millones de usuarios), nos basta para hacernos a la idea del poder y de la influencia que se puede llegar a ejercer en la sociedad a través de ella. Por desgracia, no todos los ejemplos, como hemos visto al principio del artículo, siguen esta línea. Rescatando el caso de Wismichu, es relevante señalar en este sentido que tras la polémica poco tardó en publicar un vídeo a modo de respuesta ante todo el revuelo mediático generado tras su show.

Lejos de ser una disculpa, el youtuber explicó en su vídeo “harto de los medios, harto de acusaciones y harto de mentiras” que tanto en sus vídeos -algunos con un carácter claramente machista– como en el show se dedica a interpretar a un personaje y que se trata de una sátira, mientras desmiente que en ningún momento llamara “putas” a sus asistentes ni que se les invitara a hacerles una felación, tal y como relataron algunos padres testigos en su momento.

Creo ese contenido para internet, no para un target”, afirma Wismichu. “No puedo controlar quién ve mis vídeos y quién no: si los ven mayores o menores de edad. Y lo mismo pasa con mis shows, donde hago el mismo tipo de contenido. No hay nada más fuerte ni menos fuerte de lo que se ve en el canal”, continúa, explicando que la gracia de Youtube es hablar de lo que uno quiere y que no tiene ninguna responsabilidad de lo que se haga con ese mensaje.

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